#83 – Una multa de 200 euros de lo más inesperado

Si yo te preguntara si eres consciente de que todas las cosas que suceden en tu vida son Creación tuya, ¿qué dirías?

Si yo te pidiera que me explicaras cómo eres consciente de tu parte creadora, del Creador que hay en ti, ¿qué me contarías?

Mira, el otro día fuí a sacar dinero del cajero automático y, sin ser muy consciente, la verdad, aparqué mi coche en un aparcamiento para minusválidos.

Puse el reloj de cartón para indicar la hora de llegada y dejé los cuatro intermitentes abiertos para indicar que eso era provisional. Y rápidamente entré en el cajero.

Bien pues, al cabo de dos minutos, pasó por casualidad alguien (mi vecino) y por el cristal me indicó que estaban poniéndome una multa. Salí corriendo a mil por hora y el papelito verde ya estaba en mi parabrisas, mientras dos policias estaban urgiéndome a salir del aparcamiento con cierta mala leche.

Les pedí que por favor me retiraran la multa. Y de varias maneras. Di todos los argumentos posibles e incluso un viandante que pasaba por ahí se unió a mí causa contra la autoridad y me defendió…

Nada que hacer. 200 euros.

Me puse muy nervioso y pasé un día fatal. Lloraba de rabia e impotencia.

¿Sabes una cosa? En ese aparcamiento para minusválidos aparca todo el mundo. Todo el día. Tal como hice yo. Y la mayoría ni se digna a poner los cuatro intermitentes y mucho menos el reloj de hora de llegada.

Es la calle principal del pueblo y hay 3 comercios y dos bancos allí mismo. Todo el mundo aparca ahí durante unos minutos y hace su compra o sus recados y luego se van.

Sin embargo, ese día me tocó a mí. Mi pensamiento: en tres minutos alguien ha succionado sin remedio 200 euros de mi cuenta corriente…

JODER.

Y, sí, claro, los policías tenían razón. Allí no se puede aparcar si no tienes la tarjeta de minusválido.

Lo que decía, me quedé hecho una mierda. Y me fuí a casa con mucha ansiedad. Esa noche dormí fatal, si es que dormí. «¡Hijos de puta!», pensaba. «¿Cómo se atreven a empapelarme de esta manera? ¡A mí! ¡Por nada!».

Esos argumentos y más eran los que corrían por mi Mente.

Y la cosa es que venía de unos día de immensa paz y relajada conexión con mi Yo Soy. En serio, llevaba unos días en el Punto Cero.

¿¿Ah sí?? ¡¡Pues toma Punto Cero, chaval!! Venga, ¿¿a ver si después de una multa de 200 pavos te mantienes en el Punto Cero??…

¡Y no! Todo lo contrario. Esa situación me catapultó fuera del estado de equilibrio y conexión conmigo mismo y me hundió en la más profunda de las miserias.

Tanto es así, tanto es el mal rollo que pillé yo-mí-me conmigo mismo (recuerda, y lo digo ya: esto es mi Creación), que esa noche, aparte de no dormir, atraje entidades oscuras a mi Realidad, las cuales fueron a «atacar» al más débil de mi familia: mi padre.

Esa noche bajé a ver si mi padre estaba bien y vi una entidad encima de su cama. Mi padre, que ya está muy mayor y lleva pañal para dormir, se había arrancado el pañal y lo había hecho trizas. Y afirmaba que él no había sido (a ver, a pesar de sus achaques, el hombre tiene la cabeza bien). Y sus ojos no eran suyos. Y él no era él. Limpié la cosa, lo calmé y volví a dormir. Repito, había una entidad encima de su cama. Pero en ese momento no le di importancia (ya hablaré otro día de este tema de las entidades que se aprovechan de ancianos en los hospitales o residencias —los médicos lo llaman «sindrome de desorientación hospitalaria»—, o en casas particulares. El tema tiene chicha).

Total, que por la mañana, bajo de nuevo y la habitación de mi padre era un auténtico cuadro: el suelo estaba lleno de cientos de trozos de pañal que él mismo se había arrancado.

Mientras limpiaba de nuevo el asunto, me di cuenta: «ya está. Esa entidad que había sobre su cama de madrugada lo ha trastocado (como también le había sucedido cuando estuvo ingresado diez días en el hospital el año pasado. ¡Menudo festival fue!…). Y lo más importante, yo he atraído esa entidad con mi estado de ansiedad y mala leche a causa de la multa».

Era mi Creación.

Y yo era consciente.

Faltaría más.

Esa mañana fuí a la comisaría a pedir que me retiraran la multa, una vez más. Un último intento. Nada. Cuantos más argumentos daba, más mala leche mostraba el policía sargento o caporal o lo que fuera ese hombre. Mostré mi targeta de minusválido. ¡Porque tengo una! (Que no usé). De mi padre, claro. Y no solo no sirvió de nada, sino que el tipo me salió con que ¡yo no tenía vergüenza de haber aparcado en un aparcamiento de minusválidos teniendo un padre minusválido! En fin. Dantesco. Repito: todo el mundo aparca ahí y apenas nadie sale multado. Sólo el tonto del pueblo. Así me sentía.

Así que allí mismo pagué. 100 euros al final, porque se ve que, si pagas rápido, solo es la mitad.

Bueno, y todo este rollo para decir, para decirme a mi mismo —ahora que ya han pasado unos días y estoy más calmado—, que esa situación, por supuesto, COMO TODAS LA SITUACIONES EN MI VIDA, ES MI CREACIÓN.

Y yo, que soy consciente de mi Creador, de mi parte Creadora, así debo asumirlo.

Como digo, han pasado unos días y vuelvo a estar consciente de mi Yo Soy, lo siento detrás mío, detrás de mi parte humana, no sé si decir como protegiéndola y mimándola, cual padre a un hijo.

¿Sabes?, yo no soy SOLO el humano que se queja eternamente por una multa —sí también lo soy, pero no exclusivamente—; yo soy TAMBIÉN esa Conciencia que sustenta al humano quejica y alterado, y ese precisamente es mi Creador, mi parte creadora, mi Yo Soy.

Y esta situación la creé para ver todo esto de una forma más clara, si no lo veía claro ya.

O sea: estoy en mi espacio y en mi conexión totalmente y atraigo una situación que me sacará totalmente de ello y así me doy cuenta de lo que es estar en ello y luego NO estar de ello.

No sé, de alguna manera salgo de esta situación más «sabio», más amplio, más expandido. Más Yo Soy.

Bien. Estos últimos días me estoy fijando más en lo que la gente hace en ese aparcamiento de minusválidos cada vez que paso por ahí. ¡Todos aparcan en él! Aunque sea ilegal… Y listos. Y el mundo sigue rodando. Y Guillonauta jamás volverá a aparcar ahí. Y Guillonauta es un poco más humilde y un poco más consciente de cómo crea las experiencias de su vida.

And that’s all, folks.

PD 1. Ya no hay ninguna entidad en mi casa que «posea» o «influencie» a ninguno de los miembros de mi familia. La entidad que vino también era un personaje de este teatro de Creación. Hizo su papel y se fue.

PD 2. Muchas gracias a mis amigos, con los que hablé sobre esto este fin de semana de Halloween y antes. No es que no sea consciente de todo esto que escribo, pero contarlo y verlo de vuelta a través de las opiniones de otras personas siempre te da una perspectiva más amplia y te hace consciente. Gracias, chic@s, ya sabéis quienes sois.

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6 comentarios en «#83 – Una multa de 200 euros de lo más inesperado»

  1. Siento lo de la multa y el mal rato que pasaste luego. Estas cosas nos pasan a todos y a veces es una mierda pura. Tal y como lo cuentas.
    Por otro lado que a pesar de todo eso, lo comentes con esta claridad y sinceridad, me parece admirable la verdad. Además con ese reconocimiento de que es todo tuyo y no le echas la culpa a nadie más. Y asumes tu creación y sales mejorado de la experiencia. Todo eso me parece admirable. Efectivamente estoy muy de acuerdo, somos humanos y divinos al mismo tiempo. Y eso es un poco extraño de entender, por la gente que estámos en ésto en general, pero hay que ir empezando a hacerlo, porque es lo que nos toca. La mente quiere creer que somos ya perfectos, sin mancha. Y es pura ilusión.
    Gracias y un abrazo

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  2. Gracias Guillo por haber compartido esto, de forma abierta y humilde como lo has hecho, es valorado.
    Y siento lo que ha pasado con la multa y lo siguiente a esto. Personalmente he visto que en los momentos en donde mas «iluminada» me he sentido, surge algo que me «tambalea» para hacerme ver una vez mas la humildad, no siempre me pasa pero si cuando he tenido que pisar mas a tierra como quien dice. Gracias por compartir, un abrazo!

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    • Fue toda una aventura y me pareció interesante escribirlo. Sí, a mí también me ha pasado otras veces. Es como si la Realidad o el mundo externo reaccionara «en contra» cuando uno permite el estado realizado. Pero estoy descubriendo que es mi propia Creación y no «culpa» del mundo o algo externo. Pensar así implica que estoy fragmentado de la Vida y no soy Todo Lo Que Soy. Es entonces cuando se dan estos sucesos. Son un recordatorio que nosotros mismos creamos para colocarnos donde queremos estar. Gracias, Carla, tu comentario inspira el mío. ¡Abrazo!

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