#59 – Miguel de Castrojeriz (1ª parte)

Salí de mi casa una noche de mediados de noviembre de 2007. Bajé andando a la estación de tren de Arenys de Mar, cogí el último tren hacia Barcelona, luego un bus nocturno hacia Pamplona y luego otro bus hacia Roncesvalles.

Y me junté con un grupo de desconocidos para empezar a andar el Camino de Santiago.

Escapaba de una relación que me había ayudado a avanzar pero que también me había tenido 4 años jugando al patrón de víctima-abusador. Mi trabajo de conserje en un colegio se había terminado también, unas semanas atrás, y alguien me sugerió que me fuera a hacer el Camino.

Y así lo hice. Dejé atrás mi pasado. Me fuí a caminar de punta a punta de España y con cada paso dejé un pedazo de mi Identidad detrás de mí.

Oh, el Camino, es un lugar fantástico para ir a olvidar y a renovarte. Si me preguntaras en qué época he sido más feliz en esta vida actual, te diría que durante el mes y medio que estuve allí.

Desde Roncesvalles hasta Finisterre, viví un sinfín de aventuras que podrían llenar unos cuantos artículos más.

Una de las más significativas me ocurrió en Castrojeriz, un pueblecito que está en la frontera de la provincia de Burgos ya para entrar en Palencia, más o menos en la mitad del Camino Francés.

Bien pues, ese día llegué a Castrojeriz rendido y con las piernas que me dolían un montón. Estaba realmente hecho papilla.

Hay que decir que el Camino no es una broma. Si bien mentalmente es una liberación, físicamente es duro y hay que estar entrenado. Si no estás en una mínima forma, como era mi caso (por aquel entonces yo era un armario de 100 kg, 111kg con la mochila), puedes lesionarte fácilmente. A ver, hay que ir con cuidado y escuchar tu cuerpo.

Entonces, entré en Castrojeriz con la decisión ya tomada de quedarme allí un día entero descansando.

Me había encontrado con Elena, una chica que ya conocía de algunos días antes, y cuando llegamos al albergue municipal San Esteban en la Plaza Mayor, la primera persona que nos encontramos fue a un peregrino haciendo como taichí o algo por el estilo, en el vestíbulo. Le saludamos y no contestó… Una vez dentro, nos encontramos con Javi y Alfredo, dos simpáticos tipos del norte.

Y así transcurrió el día.

Déjame contarte: el Camino de Santiago Francés es una especie de peregrinación de 800km que muchas personas hacen por diversos motivos. La mecánica es que te levantas temprano y andas durante medio día hasta llegar al próximo albergue. Entonces pasas la tarde-noche allí, en el albergue o visitando el pueblo de turno, con la gente que has ido conociendo y que hacen el Camino como tú, y todo es como muy divertido. Al día siguiente te levantas y vuelves a empezar.

Entonces, esa tarde-noche estábamos allí, en el albergue de Castrojeriz, solo 5 personas: yo, Elena, Javi, Alfredo y una quinta persona que, en ese momento, no tenía nombre.

La verdad es que hubo un poco de revuelo. Si bien nosotros cuatro nos relacionamos de forma normal, no fue así con esa otra persona que no hablaba…

¡Porque no hablaba!, ese era el problema. Cuando te dirigías a él no te contestaba, solo se te quedaba mirando. Y era un poco inquietante.

Imagínate una persona que está ahí pero que no está, que anda haciendo taichí y otras «cosas extrañas» todo el rato y que no sabes muy bien por dónde te saldrá…

Estuvimos echándonos unas risas y, sí, también criticando al chaval. Luego por la noche fuimos al bar del pueblo a cenar y yo comí por primera vez en mi vida sopa de ajo. Recuerdo esa cena con Elena y los buenos de Javi y Alfredo con mucho cariño. Camino 100%.

Nos fuimos a dormir, y por la mañana Javi y Alfredo salieron muy pronto; yo me quedé con Elena charlando. La había conocido en Nájera y llevábamos unos días andando juntos. Ella me comunicó que se volvía a su casa, que tenía que volver al trabajo el lunes siguiente, así que Castrojeriz era su última etapa. Yo le dije que antes de seguir me quedaba un día allí para descansar, que mi cuerpo lo necesitaba urgentemente.

Me despedí de ella y me quedé solo en el albergue. Bueno, solo no, me quedé con el extraño tipo que no abría la boca para nada.

Te cuento lo que sucedió en un próximo artículo

Diversión con Alfredo, Elena, Guillem y Javi. Y un pequeño orbe de luz en medio.
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2 comentarios en «#59 – Miguel de Castrojeriz (1ª parte)»

  1. Muy interesante!, tengo curiosidad en ver como continua la historia, y lo mas gracioso es que cuando leía tu descripcion del tipo desconocido pensé, «pero si es algo que yo haría! Hacer taichi y casi no hablar con nadie jajaja, bueno veremos como sigue 👍

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