#126 – Historias de vidas 3: El faro de Alejandría

En 2012-13, en mi Vida en el cuerpo de Guillem previa a ésta que estoy viviendo ahora —sí, he vivido varias Vidas dentro de este Cuerpo—, me fui a hacer un trozo del Camino Francés de Santiago.

Hablo de «Vida previa» también porque, de hecho, entonces todavía tenía una Vida Humana normal: con un trabajo, una novia, etc. Todo lo cual despareció en noviembre de 2013, por cierto. Pero esa es otra historia.

Total, que yo trabajaba de profesor de inglés y ¡tenía una nómina y todo! Y, ese año, en las vacaciones de Navidad, cuando los niños no van al cole, cogí la mochila y me fui al Camino.

El año anterior ya había hecho el trozo de Pamplona a Burgos y este 2012-13 iba a hacer el trozo de Burgos a León. Más diversión. ¿Te he contado alguna vez que me encanta el Camino de Santiago? XD

Bien pues, al llegar a Hontanas —un pueblo que por cierto no ves hasta que estás encima, porque precisamente está abajo, es decir, hundido según llegas caminando—, me metí en el albergue municipal y me encontré con Bogdan, otro peregrino de Canadá que hablaba en español argentino porque había vivido en Argentina varios años.

Nos hicimos amigos y por la noche fuimos a cenar al único local del pueblo donde se podía cenar: la Casa Rural El Descanso; acogedor sitio para una noche invernal de 27 de diciembre.

Y en ese local me senté en la mesa del rincón a la derecha con Bogdan y dos peregrinos más de Navarra, creo, y cenamos lo que ahora ya no me acuerdo.

Pero sí me acuerdo de la situación. De las personas que atendían ese pequeño bar-restaurante. Una mujer muy habladora y su marido, un tipo muy risueño que con solo ver su cara ya te reías.

Nos iban trayendo la comida a los cuatro y así transcurrió la noche: la mujer, detrás del mostrador hablándonos sin parar y su marido, el tipo divertido, haciendo de camarero y trayendo las cosas a la mesa. Y ambos proporcionando un cálido trato y una más que viva conversación.

Recuerdo esa cena en ese lugar con mucho cariño. Y muchas de las cosas que esa pareja compartieron con nosotros con su trato cercano y familiar durante un par de horas.

Luego Bogdan y yo nos fuimos a dormir al albergue municipal y, por la mañana, me levanté y reanudé el Camino. Perdí la pista de Bogdan durante un par de días, pero luego volví a dar con él más adelante ya llegando a León.

La cuestión es que mi siguiente parada fue Itero de la Vega y la noche del 28 de diciembre la pasé en el Hostal Fitero de dicha población.

Me dieron una cama en una habitación comunitaria, pero esa noche yo estaba solo. ¿Quién se aventura a hacer el Camino en invierno, en plenas vacaciones navideñas? Poca gente, la verdad. ¡Por eso siempre he ido a hacer el Camino en invierno!

Y aquí empieza la Historia de vidas 3. Bandido, vaya introducción.

Pues allí, en ese hostal totalmente vacío, es donde ocurrió «el tema». Me puse a dormir a las 11 o así y apagué la luz de esa solitaria habitación con 5 o 6 camas más.

Mirando al techo. A la oscuridad. No podía dormir… En mi Mente y en mi Ser parecía correr la Energía de una manera especial. Me acordaba de la agradable velada anterior en ese bar en Hontanas. Me venían a la cabeza esa cena y esa gente, una y otra vez: la propietaria que no paraba de hablar desde detrás del mostrador y QUE ME MIRABA MÁS DE LO NORMAL; su marido que —ah sí, ahora recuerdo más— explicaba múltiples historias y algunos chistes y era algo así como un payaso pillín; el colega Bogdan hablando en español argentino, y los dos navarros en el rincón.

De repente, se abrió una puerta a la Percepción, podríamos decir, y mirando al negro techo me teletransporté a otro lugar y a otra época: ¡el Faro de Alejandría!

Y me vi como un trabajador del faro que transportaba leña para avivar el fuego que era la luz para los barcos comerciantes que llegaban al puerto de Alejandría. Y Bogdan era mi compañero de trabajo, mi mejor amigo. Y los dos navarros eran otros trabajadores del faro. Y la mujer detrás del mostrador en la casa rural de Hontanas era mi amante y me esperaba muchas noches, cuando yo salía del trabajo de transportar y subir la leña al faro. Y su marido, ¡pues mira que también era su marido en aquella Vida! Aunque diría que no era tan risueño…

Estuve —creo que no te engaño si te digo que— un par de horas viendo esa Vida Pasada y todos sus personajes, en el techo, como si estuviera viendo una película en el cine. No me dormí hasta las 2. Y no até los cabos de esta Experiencia, es decir, no me di cuenta que había sido el recuerdo de una existencia anterior, hasta unos días más tarde.

Exacto, no tardé mucho en entender por qué me había encontrado con toda esa gente esa noche del 27 de diciembre de 2012 en Hontanas… Y sí, eso es lo que ocurre muchas veces en la Vida y, sobre todo, en el Camino: te encuentras con gente con la que ya tienes una relación de otras Vidas, y el encuentro con ellos es una celebración y un recuerdo. Algo programado y que, inevitablemente, atraes electromagnéticamente a tu Experiencia a modo de recapitulación.

Y es curioso, porque hay más historias como ésta, pero la de la velada en Hontanas con mi «familia de Alejandría», de quien sabe cuantos siglos atrás, ha quedado grabada en mi corazón.

¿Será porque ahora también trabajo en un faro? Bueno, no exactamente… Más bien diría que soy un faro… Y siento que esa leña que traía al faro de Alejandría en aquel entonces todavía quema hoy, de alguna manera… Sí, esa leña quema dentro mío quizá porque Yo ilumino con mi Presencia, esta vez no a barcos, sino a la Humanidad: «Mirad, me he convertido en el Dios que Yo Soy. Y vosotros también os podéis Convertir en Ello cuando queráis»…

Y aquí acaba la Historia de vidas 3. Aahhh, tenía que hacerlo un poco romántico. Porque en verdad lo es.

Imagen generada por Realidad Virtual
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4 comentarios en «#126 – Historias de vidas 3: El faro de Alejandría»

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