#105 – De la «última» visita de la Sra. Mente al consultorio del Dr. Conciencia

[SE ABRE EL TELÓN]

[La Sra. Mente abre la puerta y asoma la cabeza. Ve al Dr. Conciencia sentado en la mesa de su consultorio]

—Hombre, Sra. Mente. ¿Otra vez usted por aquí? Pase, pase. Siéntese.

—Pues sí, aquí estamos otra vez, Dr. Conciencia… [La Sra. Mente pasa y se sienta]

—Vaya, ¿y ahora qué le ocurre? Usted dirá.

—Pues mire, doctor, es que recientemente me he dado cuenta de que esta Realidad donde vivimos es una ilusión y no sé donde cogerme para seguir viviendo. Estoy tan aburrida que no sé qué hacer…

—Aha, ya veo. [El doctor asiente abriendo un poco los ojos y subiendo las cejas]

Es como si hubiera hecho un salto a una Nueva Realidad y ya no pudiera seguir viviendo en la antigua…

—Entiendo. Siga contándome. [El doctor abre bien los ojos, pone cara de interés y se acarícia la barbilla con el pulgar y el índice]

No sé, estoy muy confusa. Es como que no soporto estar en esta otra Realidad y no poder conectar ya con la antigua. Lo siento todo como muy falso. Es una situación un poco extraña. [La Sra. Mente pone cara de aflicción y mira al suelo]

—Vaya, no se preocupe. Veo bastantes casos como el suyo cada día y esto tiene fácil solución.

—¿Usted cree, doctor? Pues que bien que he decidido venir a consultarle, porque estaba bien desesperada… [La Sra. Mente levanta la cabeza y abre los ojos con expresión de sorpresa]

—De verdad, no se preocupe. Ya sabe que yo soy su médico de cabecera y siempre la he ayudado. ¡A pesar de su terquedad!

—Sí, lo siento, doctor, sé que soy muy pesada… ¡Pero es que no puedo evitarlo!

—Lo sé, lo sé. Ya nos conocemos. Ejem… A ver, déjeme que busque el cuaderno de recetas… [El Dr. Conciencia abre un cajón y saca su cuaderno de recetas] Sí, aquí está.

—¿Me va a recetar algo? Oh, qué bien, seguro que hay algunas pastillas que me irán la mar de bien.

—¡¿La mar de bien?! ¿Cuántas veces le he recetado pastillas y le han ido bien? [El Dr. Conciencia pone cara asertiva]

—Mmm, eer, bueno… La verdad es que nunca.

—Ay, Sra. Mente, ya nos conocemos usted y yo…

—Pues sí.

—Mire, hoy vamos a probar una cosa diferente. [El Dr. Conciencia levanta el bolígrafo con la mano para llamar la atención]

—¿En serio? ¡Me encanta! Diga, diga. Si usted me diera alguna solución a este Vacío que siento, le estaría tan agradecida…

—A ver, déjeme acabar de escribir mi receta… [El Dr. Conciencia escribe durante unos segundos y arranca el papel. Le da la receta a la Sra. Mente] Bien, pues aquí está: le prescribo 50 Respiraciones Profundas y lentas 3 veces al día.

—¿Cómo? ¿En serio? ¿Está usted seguro de que esto funcionará para quitarme el agobio? [La Sra. Mente coge la receta y la mira con cara de incredulidad]

—Por supuesto, no dude usted de mis habilidades de matasanos interdimensional de la Seguridad Soc…, digo…, de la Seguridad Individual.

—Ay, no sé. ¿Y no tiene algunas pastillas que me pudieran ir bien? [La Sra. Mente deja la receta de nuevo en la mesa y mira a los ojos al doctor]

—Y dale con las pastillas. ¡Qué pesada que es usted! No hay pastillas que valgan para la dolencia que la aqueja. Esta vez no.

—Caray. ¡Oh! Pues no me quedará otro remedio que confiar en usted, doctor. Es que no le acabo de creer…

—No, si ya lo sé. Usted nunca me cree. Pero eso da igual… [El Dr. Conciencia levanta las palmas de las manos, levanta las cejas y sonríe por debajo de la nariz]

—Es que no tengo remedio, doctor. [La Sra. Mente baja la cabeza haciendo ver que se avergüenza]

—Es cierto, no lo tiene. Pero esta vez tendrá que CONFIAR ciegamente… La dolencia que la aqueja solo tiene esta solución: hacer unas respiraciones.

—No sé… ¿Confiar?… [La Sra. Mente hace que no con la cabeza]

—Venga, anímese, Sra. Mente. Claro que puede confiar en mí. ¿Es que le he fallado alguna vez en todos estos años?

—Pues la verdad, no… Pero…, explíqueme más, por favor. ¿Cómo hago esto de las respiraciones? [La Sra. Mente fuerza una cara de atención]

—Ahora vamos, ahora vamos, déjeme acabar de escribir la fecha y su nombre en la receta… [El Dr. Conciencia coge la receta, sigue escribiendo y se la entrega de nuevo a la Sra. Mente] Bien, tenga… Mire usted, solo hay una condición indispensable: esfuércese un poco al hacerlo y, sobre todo, sobre todo, ¡suéltelo todo!

—¿Soltar? ¿Qué quiere usted decir? No le entiendo. [La Sra. Mente vuelve a hacer que no con la cabeza y pone cara de cierta exigencia]

—Espere, vamos con lo primero. Ya se lo he dicho: 50 Respiraciones Profundas y Conscientes 3 veces al día. Y estas son las instrucciones: hágalo cuando se despierte por la mañana, antes de salir de la cama; después, durante el trascurso del día, cuando lo elija, y por la noche, cuando se meta en la cama antes de dormirse. De momento, esto será lo más prudente.

—Entiendo. Mmmm, ¿solo eso? ¿50 respiraciones? ¿Y por qué no 40 o 60, doctor? ¿Por qué 50? [La Sra. Mente se pone las gafas de leer de cerca y mira, con cara de interés, la receta]

—Aha, ya sabía yo que me saldría todavía con más dudas. Si es que menuda es usted… No me lo ponga difícil hoy, eh. ¿Me promete que no lo hará?

—Mmm, lo intentaré… [La Sra. Mente vuelve a dejar la receta en la mesa y se quita las gafas]

—Sra. Mente, usted y yo nos conocemos desde hace muchos años. Yo soy el único doctor que está en este pueblo disponible para usted. La he visto crecer y hacerse una persona adulta. Hemos hablado muchas veces y, la verdad, ¡me sorprende que todavía no confíe en el Dr. Conciencia! [El Dr. Conciencia se echa hacia atrás, reclinándose en su sillón]

—Tiene usted razón. Pero es que… Va, sí, quedo en sus manos completamente, doctor…

—Hace bien. Muy bien. Pues lo que le decía: son 50 respiraciones para empezar… Más adelante, ya subiremos la dosis si hiciera falta. 50 me parece una cantidad que no es exagerada y tampoco es poca cosa. Y dependiendo de, valga la redundancia, la «lentitud» de ese ritmo lento que le estoy prescribiendo, podríamos decir que esto le ocupará entre 15 o 20 minutos. Bien, pues eso 3 veces al día. [El Dr. Conciencia mira la Sra. Mente a los ojos, frunce el ceño y pone una rápida sonrisa]

—Perfecto. Estoy decidida, se lo juro, aunque no me creo que eso pueda funcionar…

—¡No siga con las dudas! Me lo ha prometido. [El Dr. Conciencia se tira hacia delante, pone las manos encima la mesa y, mirando hacia un lado, entrecruza los dedos]

—Ay Dios, no sé…

—¿Cómo que no sabe? De verdad que es usted… Aaayyy…. Mejor me callo. ¡Es usted lo que no hay!

—Lo siento. [La Sra. Mente pone cara de aflicción y sus ojos quedan vidriosos]

—A ver, no nos despistemos, que le acabo de explicar el tema.

—Ok, y ya me voy, no se preocupe. [La Sra. Mente hace un ligero ademán de levantarse]

—¡Cállese y siéntese! Por favor. Y escuche. Si es que quiere… Le he dicho respiraciones, pero no se olvide de lo más importante al Respirar: Soltarlo todo. De verdad. Y solo Respirar. Solo. Podríamos decir que esto no solo es una prescripción de Respiración, es una prescripción de «Soltación», si me permite la palabra.

—Comprendo. Siga explicándome, pero… ¿Y, de verdad, no tendría algunas pastillas que me fueran bien? [La Sra. Mente reitera su cara de aflicción y su mirada apunta al vacío…]

—¡Ha! ¡¡Pero si en el pasado ya le he recetado todas las pastillas que existen, mi querida!! Dígame, ¿le fueron bien?

—La verdad es que no.

—Bien, pues. Convendrá usted en que tengo que darle otra cosa, ¿no?

—Si no hay más remedio…

—Sra. Mente, me pone usted de los nervios. ¡Al final voy a ser yo quien tendrá que tomar las pastillas! [El Dr. Conciencia se da unos ligeros golpes en la frente con la parte baja de su palma]

—Ay Dios, no querría yo molestarle, pero es que…

—Mire, he aquí el quid de la cuestión. Lo que le he dicho es muy importante. Lo de Soltar, digo. Si ha de ponerse a Respirar 50 veces haciendo gala de su apellido y dándole a la cabeza, por favor hágame un favor: vaya usted a ver a otro doctor. El Dr. Conciencia no la podrá ayudar. [El semblante del Dr. Conciencia toma cierta seriedad]

—Bien. Le prometo que confiaré.

—No prometa tanto y escuche. [El Dr. Conciencia coge la receta de la mesa y la muestra moviendo la mano hacia delante y hacia atrás]

—De acuerdo.

No tiene sentido hacer esto con distracciones. Ni exteriores, ni interiores. ¿Entiende? Solo usted puede crear el Espacio Seguro y libre de distracciones. [El Dr. Conciencia vuelve a dejar la receta en la mesa]

—Sí.

Y no me refiero a encontrar un espacio, físico o temporal, libre de ruidos u otra gente pululando por ahí y distrayéndole, que también. Me refiero a la Elección Consciente de Soltar toda su Vida cuando practique la prescripción que le estoy dando. [El Dr. Conciencia vuelve a coger la receta y hace una inspiración intensa por la nariz]

—Aha. Estoy dispuesta. [La Sra. Mente cierra ligeramente los ojos, en señal de foco]

—Mire usted. DEBE RESPIRAR AQUELLO QUE ESTÁ MÁS ALLÁ DE SU VIDA… ¡PERO QUE ES MÁS VIDA QUE SU PROPIA VIDA! [El Dr. Conciencia levanta las manos al cielo]

—Oh, me sorprende usted, Dr. Conciencia. Siempre lo hace, pero hoy más que nunca. Pero es que no estoy entendiendo nada… [La Sra. Mente suelta un resoplido]

— «Celebro» inspirar su «cerebro», Sra. Mente. Pero no acelere sus pensamientos. Escúcheme. [El Dr. Conciencia levanta el índice]

—Sin duda lo hago. [La Sra. Mente asiente]

—Bien, prosigamos. Para hacerlo como es debido, tendrá que confiar ciegamente, ¡y mucho!, porque en un primer momento quizá no vea este «Más Allá» del que le hablo.

—Me estoy perdiendo un poco…

—¡Déjeme acabar! [El Dr. Conciencia alza la voz ligeramente] Confíe, pues será la misma Respiración quien se lo traiga… El «Más Allá», quiero decir.

—¿Sí? ¿De verdad? No sé… [La Sra. Mente baja la mirada]

—Usted solo póngase a Respirar y, cuando lleve unas 10 o 12 respiraciones, el Soltar casi que le vendrá solo. Y luego el Sentir.

—Vaya, cuántas cosas…

—Las justas y necesarias. Escuche y calle. Mire, me refiero a que, si lo hace bien, tomará contacto con esa parte de usted que es la Creadora de la Magia. [El Dr. Conciencia mueve las manos sincopadamente, adelante y atrás, en señal de entusiamo]

—Oh, ¡esto me encanta! Siga contándome, por favor. [La Sra. Mente se echa hacia atrás y abre los ojos]

—No, no. No hay nada más que contar. Recuerde, Respirar 3 veces al día. Y con la firme determinación de Soltar y quedarse vacía. Ah, ¡y ni se le ocurra tenerme expectativas!

—Ay, ahora expectativas. Respirar, Soltar, no tener expectativas… [La Sra. Mente cuenta con los dedos de una mano] ¡Demasiadas cosas, doctor!

—Usted misma. Si quiere salir de ese tortuoso Vacío, ya sabe lo que tiene que hacer. [El Dr. Conciencia hace una mueca de asentimiento]

—Claro. Sí, sí. [La Sra. Mente agarra su bolso haciendo ademán de levantarse]

—A ver, déjeme acabar, que ya empiezo a estar cansado: cuando haga las 50 Respiraciones debe estar lejos de cualquier menester o actividad o pensamiento de su día a día. Y Recibir lo que venga. ¿Podrá hacerlo? [El Dr. Conciencia se frota la cabeza con las manos]

—Se lo juro. Lo haré. [La Sra. Mente estrecha más su bolso hacia su cuerpo, con las dos manos, a la vez que se pone bien erguida]

—No me jure tanto, no me jure tanto… Ya me contará el próximo día. No me fío un pelo de usted, ya lo sabe. Quiero que me venga con resultados, ¿de acuerdo?

—Claro, le haré caso esta vez. [La Sra. Mente sigue erguida]

—Usted y yo ya llevamos un largo historial… Lo sabe perfectamente.

—Sí.

—Ahora, dígame sinceramente una cosa: ¿me hizo caso usted alguna vez?…

—Ya, tiene usted razón. Quizá no, pero… [La Sra. Mente relaja el cuerpo]

—¡Que no hay peros que valgan, Sra. Mente! [El Dr. Conciencia da un pequeño golpe encima de la mesa con la palma y le da la receta a la Sra. Mente] Y ahora, antes de levantarse e irse de mi consulta con mi prescripción, déjeme que le cuente algo importante.

—Soy todo oídos, doctor. No se enfade. [La Sra. Mente deja ir el bolso y hace ver que escucha con atención]

Respirar de esta forma le abrirá cada día más. Le proporcionará entusiamo. Le descubrirá el lugar donde está aquello que desea. Le permitirá explorar y descubrir cosas. Y le ayudará a ver lo increíblemente relativa que es cualquier distracción de este mundo en el que vive. Y eso no tiene precio. ¡Ser un@ mism@ no tiene precio!

—Oh, me encantan sus palabras. [La Sra. Mente ladea la cabeza y sonríe]

—Ese es el problema. Las palabras son solo palabras. Si sigue la prescripción que le estoy dando y me respira y me suelta bien, NO TENDRÁ NINGÚN PROBLEMA PARA SALIR DE LA SITUACIÓN DE AGOBIO EN LA QUE ESTÁ. Y esto ya sí es lo último que le digo hoy. [El Dr. Conciencia, con la parte externa de la muñeca, se frota el sudor de la frente y los labios llenos de saliva]

—Ya. ¡Le estoy tan agradecida, doctor!

—Bien pues, al salir pida hora a mi secretaria para dentro de un mes o cuando usted quiera. Tengo la ligeeeera sensación de que necesitará volver pronto. Por ahora, Adiós, Sra. Mente.

—Es que no tengo solución, Dr. Conciencia, ya lo sé… [La Sra. Mente se pone la receta en el bolso y se levanta de la silla]

—Sí, yo también lo sé. Por eso le estoy diciendo que pida hora para el mes que viene o cuando usted quiera. Ya sabe que yo estaré aquí para ayudarla de nuevo… Aunque sea un poco pesado para mí, este es mi trabajo.

—Sí. Lo entiendo.

—Usted venga cuando lo necesite, como hace años que está haciendo, y yo estaré aquí para servirla. No se preocupe. Aunque no lo parezca, ¡tengo una paciencia infinita! [El Dr. Conciencia sonríe, se levanta y va hacia la puerta]

—Oh, doctor, es usted un santo… Vuelvo el mes que viene, seguro.

—Venga, pues nos vemos el mes que viene, Sra. Mente. ¡Adiós! [El Dr. Conciencia abre la puerta]

—¡Adiós, Dr. Conciencia! Ya tengo ganas de que llegue el mes que viene… [La Sra. Mente sale del consultorio]

[SE CIERRA EL TELÓN]

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4 comentarios en «#105 – De la «última» visita de la Sra. Mente al consultorio del Dr. Conciencia»

  1. YOU MUST BREATHE THAT WHICH IS BEYOND YOUR LIFE… BUT WHICH IS MORE LIFE THAN YOUR OWN LIFE! Ahhh, this post is special.
    It goes beyond language.
    Thank you so much, it comes to me on a day when that void is particularly hallow and the ache I feel in my heart, more painful than usual. Xxx

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    • Hmmm, then you could try Dr. Consciousness prescription once again, who knows… Haha. As he would say: «Words are only words», even sb else’s conscious words. Alas, I was Mr. Mind for sooo long that now I can make fun of it! And I never found a Dr. Consciousness until I became it.

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  2. ¡Ah Guillem es verdad! Este mensaje es especial. Me encanta la verdad. Cómo expresas los mensajes. Hay profundidad, sabiduría por supuesto. Humor, mucho humor y alegría, ligereza. Teatralidad. Puedes escribir algún libro con todos estos materiales, o varios. Se me acaba de ocurrir. Buenas historias. Mucha imaginación. En fin buenas cualidades de escritor. ¡Así que enhorabuena!
    Ahora que lo pienso nos dice Adamus que si queremos estar bien aquí, que contemos nuestras historias. Pues tú ya lo estás haciendo.

    Me acuerdo cuando estábamos por allí arriba y preparábamos nuestra inmersión aquí en la Tierra, con sus densidades y olvidos. Y me decías, “quiero encontrar una manera de expresarme que llegue a otra gente, que transmita la sabiduría, y pueda echar una mano para mejorar aunque sea un poco sus vidas o hacerlas más llevaderas…” Bien, me alegro porque lo has encontrado sin duda.

    Esto no es para hacerte la pelota, no vayas a creértelo, ja ja ja. Pero hombre las cosas buenas hay que decirlas ¿no es eso? Otro día ya te diré las malas, si es que las hay, claro. O si es que las pillo.

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    • Qué bueno, Ramón, que recuerdes esto. Yo siento que sería quizá el más intrépido del grupo… El más explorador, a mi propia manera. Aha, sea como sea, si sentimos en nuestro interior, podemos recordar estas cosas. La esencia de lo que vinimos a hacer. La Elección Consciente que hicimos, en grupo y, sobre todo, individualmente. Gracias por explicar tu Sensación.

      Sí, dime alguna cosa mala algún día, haha, que ya sabes que aquí se explica lo bonito y lo feo, la gracia y la maldición. ¿Cómo, si no, podríamos convertirnos en TODO Lo Que Somos?

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